El relativismo moral se ha instalado en las más altas instancias del Vaticano. Ni más ni menos que el prefecto para el culto divino hace un ejercicio de cálculo del peso relativo del mal: la interrupción del embarazo en comparación con el abuso del débil.
¿Qué es mejor, arruinar vidas de inocentes para satisfacer los vicios mundanos o interrumpir el embarazo por un motivo justificado y humano? ¿Cual es el valor de una vida? ¿Vale menos en su mitad que en su principio o que en su final?
Escribió Terencio Afro : Hombre soy, nada de lo humano me es ajeno ; señor prefecto ¿es usted humano?